La expresión artística tiene infinitas posibilidades, y dos de sus formas más sensibles son la plástica, de la escultura y la sonoridad de la música. Miguel Ángel Villa ha sido capaz de aunar ambas en una obra llena de matices, que a nadie dejará indiferente. Sus intrumentos musicales evocan las ondulaciones de Martín Chirino o las pulidas supercifies de Brancusi. Y a la vez, en ellos resuenan los compases de cálidas melodías. Piano, contrabajo, guitarra, bajo ... todos se funden en una partitura de volúmenes cuyas notas afina con esmero el escultor. Disfruten de ellos, y mi más cordial enhorabuena al artista.
R. León (Historiador del arte).
























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